Probamos las Ray-Ban Stories: el nuevo gadget de Facebook

Artículo de opinión de Arnau Sanz, socio y director de New Business de IMAGINA, para Economia3.

 

He pasado una semana de mi vida usando a diario las Ray-Ban Stories, las nuevas gafas de Facebook que prometían revolucionar la forma en que grabábamos, hacíamos fotos y contemplábamos, en suma, la realidad en primera persona.

Facebook lleva un tiempo empeñado en una estrategia para desvincular la marca, cada vez más, de la red social que fue en su origen. Para ello, entre otros servicios, la empresa parece empeñada en crear hardware.

Ya lo hicieron con un smartphone, con cámaras, con carcasas y, más recientemente, con altavoces inteligentes. En septiembre presentaron unas gafas, con monturas de Ray-Ban, justo en pleno debate sobre la privacidad y en medio de una crisis de marca nunca antes vivida en esa compañía.

Apenas unos meses después, Facebook ya no es Facebook, sino Meta, y desde luego ya no son la startup de la que todo el mundo hablaba, sino un buen ejemplo de cómo no gestionar la fama, el dinero y el éxito.

Las gafas serían espectaculares si se hubieran presentado en 2010, con una calidad parecida a un iPhone 6 y con un buen estabilizador. Aún más si estuvieran planteadas como una versión inicial incluso prototipo de un producto del futuro, tal y como ocurrían con los primeros relojes inteligentes, que primero hacían poco y ahora son un gadget más.

A modo de resumen: las gafas graban vídeo, hacen fotos, tienen altavoz y micro. Sin duda, los detectives privados hace años que utilizan cosas parecidas. Pero no son ni ofrecen nada más.

En nuestra agencia se le ha quedado el mote de ‘juguete’, porque no da más de sí y es lo que son: un juguete. Son unas gafas normales, incluso pasan desapercibidas como cacharro tecnológico, pero no cumplen ninguna necesidad ni sustituyen acción alguna de las que ahora hacemos con un smartphone.

El principal obstáculo al que se enfrenta no es ni de peso, ni estético, sino los límites que se han puesto con la privacidad. Creadas para poder grabar solo 30 segundos seguidos, este límite dificulta bastante su uso profesional. Hay una aplicación móvil para guardar y gestionar el contenido, algo lenta a través del bluetooth.

En Imagina hemos sido pioneros en utilizarlas para crear contenido para empresas. Como cámara de fotos y vídeos, es ideal para seguir el proceso de comunicación y hacerlo más próximo, divertido y descarado. Y en ese sentido, puede ser ideal para algunas marcas jóvenes. También para complementar procesos de venta online, como visitas guiada por una casa, generar contenido en redes sociales como TikTok, realizar colaboraciones con influencers en puntos de venta, crear contenido implicando a trabajadores o experimentando con puntos de vista en primera persona, etc. Pero insisto: no dan mucho más de sí ni hacen nada que no haga un smartphone.

Con todo, lo que más me ha sorprendido no ha sido la escasa utilidad del producto, sino su publicidad. No ha vuelto a aparecer en canales oficiales, no se comercializa en más de tres países después de unos cuantos meses, hay pocas ‘reviews’, y prácticamente ningún ‘engagement’.

¿Se ha olvidado Facebook, ahora Meta, de ellas? No creo. Simplemente, creo que no interesan. Cualquier mejora supondría cruzar la frontera de la privacidad y el eterno debate de los límites, que ni ellos ni nadie tiene resuelto.

Facebook, como cualquier empresa tecnológica, sería capaz de crear unas gafas 100 veces mejor, pero no se atreven. De momento, se van a centrar en la realidad aumentada, porque en la vida real parece que nadie les hace ya mucho caso.

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